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Incógnita

Incógnita Incógnita (Énigme), c'est le nom que nous avons donné à l'effigie qui préside et veille sur le site Arqueología Ecuatoriana, depuis toutes les fenêtres. Son origine est anecdotique, comme presque tout d'ailleurs dans la pratique archéologique équatorienne. Il s'agit d'une pièce unique, sans contexte connu, tombée entre nos mains de façon très paradoxale.

Interprétation iconographique

Silla Manteña

Revues Apachita Apachita 18 Songe d'une nuit d'hiver
Songe d'une nuit d'hiver PDF Imprimer Envoyer
Écrit par Ernesto Salazar   
Lundi, 23 Mai 2011 13:28

Je me trouvais assis dans mon bureau en train de lire les nouvelles sur mon portable. C'est alors que j'appris que la American Anthropological Association, la plus prestigieuse société scientifique du monde anthropologique, a décidé de supprimer le mot "science" de sa section d'objectifs généraux. C'est-à-dire qu'au lieu d'être la "science" qui étudie l'humanité sous tous ses aspects, l'anthropologie devient la simple promotrice de la "compréhension publique" de l'humanité sous tous ses aspects. Un peu plus d'huile sur le feu qui, depuis diz ans environ, attise à part égale aussi bien le groupe des anthropologues pour ainsi dire "orthodoxes", et celui des sympathisants d'une attitude plus ouverte face aux défis et "produits" du pluriculturalisme.

Ante tremendo pachacuti (1) que nos cae encima, cerré los ojos para sondear en mi intelecto el alcance de esta medida para la arqueología que, después de todo, ha sido fiel disciplina de la antropología por casi 100 años.

Creo que me quedé dormido, porque de pronto me vi inmerso en un ambiente medio etéreo de intensísima luz que, curiosamente, no cegaba, y de figuras aladas difusas que se cruzaban unas a través de otras, al parecer sin tocarse. De acuerdo con todo lo que había leido, incluido el catecismo, inferí que estaba en el cielo. Sin embargo, poco pude disfrutar del escenario porque desde un altísimo lugar, probablemente del sector de los querubines o serafines, se desencandenó un viento, que no me atrevo a llamarle furibundo, por tratarse del cielo, sino mas bien de mucha energía, que me envolvió y me echó fuera de unas puertas doradas que se cerraron herméticamente. No sé si este evento sucedió porque no he comulgado en algún tiempo o porque soy arqueólogo; lo cierto es que esta especie de tromba eólica me zarandeó en vertiginoso descenso hasta que finalmente avisté el planeta Tierra y luego nuestra serranía y por último el sol pasto de fierro rojo que está construido a la entrada de Cotacachi.

Caí aparatosamente y di con mi barriga en una de las puntas del sol pasto. Curiosamente, mi barriga actuó de cimbra y reboté, con tan mala suerte que volví a caer en otra punta, y luego en otra, y en otra (uffff, el sol pasto tiene ocho puntas… no más). Cuando llegué al suelo, me encontré con mi colega Lynn Hirschkind que estaba mirando al monumento…

- Oye, me dice, que son estos fierros?
- El sol pasto, pues. O el sol de los antecesores de los pastos, pues. Alguien lo encontró dibujado en una compotera; pero ahora este sol es de todos nosotros.
- Y cómo saben que es un sol?
- No lo sé; pero está en todas partes, en las calles, en los restaurantes, en los cabildos; hasta en la tumba de mi abuela han dejado pegado un sitcker con el sol pasto (2).
- Pero eso no es argumento científico; alguna inferencia consistente has de dar, al menos.
- Argumento científico… inferencia… ¿de qué estás hablando? ¿Ya te enteraste de lo que ha pasado en la American Anthropological Association?
- No. Qué ha pasa….?

No tuve tiempo de oirle más ni de contestarle, porque la tromba eólica me envolvió de nuevo y me llevó planeando por los cerros hasta que me hizo aterrizar en una loma pelada. No sé si estoy alucinando, pero me pareció ver en la entrada de Guachalá un círculo de piedras que también tenía el dibujo del sol pasto. Ojalá no sea cierto. En todo caso, me erguí un poco y vi, ladera abajo, el sitio de Rumicucho e inferí (yo siempre vivo haciendo inferencias) que estaba en el cerro Catequilla. Me levanté y moví el brazo para ver la hora y me di cuenta, con tristeza, que había dejado mi reloj en el cielo… Pero allí estaba un hombre que se daba las vueltas, con aire de dueño del lugar. Me acerqué a el y le pregunté la hora. Se puso delante de una piedra con un palito vertical en el centro, y mirándola me dijo:

- Son las 12 horas con 24 minutos y 12 segundos.
- My God! ¿Y como lo sabes?
- Es que esta piedra es un reloj solar.
- Y qué son esas bolas o ceros que están pintados en ese letrero?
- Ah, eso es la latitud 0° 00' 00", o sea que justo por aquí pasa la línea equinoccial. Lo que me rompe la cabeza es cómo este pueblo catequillano pudo descubrir la latitud cero, miles de años antes de que venga la Misión Geodésica Francesa y de que se invente el GPS.

Bueno, me dije razonando en silencio, puede que este famoso descubrimiento no lo haya hecho realmente el pueblo catequillano, sino algún extraterrestre venido de galaxia lejana, o un enviado especial de Lord Sith para establecer el sistema horario del imperio galáctico. En todo caso, quedé maravillado al saber que estaba pisando la línea equinocial, y solo entonces me di cuenta que el suelo estaba quemando mis zapatos.

Lo que no entiendo es por qué le meten en la colada a la Misión Geodésica que, por lo menos, no descubrió la linea equinoccial. Pero igual, una latitud es solo una latitud. Y todo objeto o elemento del paisaje terrestre puede ser ubicado en una latitud determinada. Cuando pude comprar un GPS hice el “extraordinario descubrimiento” de que mi casa estaba ubicada en latitud 0° 09' 20", que por cierto es única en el planeta Tierra, igual que lo es la latitud 0° 00' 00". Si sigo el argumento catequillano, esperaría encontrar, en unos diez mil años más, a un arqueólogo meditando frente a los cimientos destruidos de mi casa y ponderando como este pobre hombre pudo haber descubierto la latitud 0° 09' 20", para construir sobre ella su casa.

No sé si la tromba eólica se dio cuenta de que estaba “razonando”, lo cierto es que me lanzó violentamente contra una piedra del Catequilla y luego colina abajo hasta que, cerca de Rumicucho, me levantó sobre las ruinas y me empujó hacia el Pichincha. Lo último que me pareció ver en el Catequilla fue un chivo disecado y otro reloj solar con unos huevos de gallina encima, y unos monolitos antropomorfos con cara de peruanos o mexicanos. Tengo que regresar al museo solar para constatarlo bien; si no voy a morir loco.

El viaje estuvo algo movido. Hacía mucho frío y me pareció que yo estaba desnudo, puesto solamente los zapatos quemados. (Y así debió ser. Nadie con la piedad necesaria para realizar un viaje iniciático, lo va a hacer en blujeans y botas, y con el Ipod en la oreja! Por favor.). En cierto momento, ya de noche cerrada, comencé a planear sobre una espesa selva que tenía algunos claros, alumbrados al parecer por antorchas. En uno de ellos, adonde mi cuerpecito se dirigía verticalmente, pude ver una especie de piscina con agua, en cuyo derredor había bastante gente agachada y concentrada, como si mirara algo en el espejo del agua. “Deben estar viendo, me dije, cómo las preñadillas se comen a los shugshis (i.e. willi-willis, renacuajos)”. De repente chumblugg!!, y me hundí en la piscina, levantando olas bastante grandes que mojaron a todos los presentes. Por los gritos, los brazos en alto y las palabras raras pero dichas a todo pulmón, inferí que no me daban la bienvenida, sino que me estaban insultando. Afortunadamente, alguien me alargó un palo que lo agarré en un extremo, dejando que el nativo me jalara hasta el filo de la piscina.

- Oye, le dije, en mi tierra, me gustaba de niño ver como las gallinas se comían a los gusanos, pero lo hacía más por distracción, porque nunca creí que esto fuera relevante. ¿Por qué es importante aquí ver cómo las preñadillas se comen a los shugshis?
- No están viendo a los shugshis, idiota. Están observando a los astros en el espejo del agua.
- ¿Ah, si? ¿Y por qué mejor no se ponen de pie y miran directo hacia el cielo, que es más fácil? Bueno, no sé si es fácil con tanto árbol que tapa el cielo. Pero, además, por efecto de la ley de la reflexión de la luz, la disposición de los astros estará al revés, si los miras en el agua.
- ¿Y a quién le importa las leyes? La comovisión yumba (porque estás en tierra de los yumbos) reconoce la existencia de dos mundos: el familiar que conocemos y por el que andamos, y el oculto que es el mismo familiar, pero al revés. Que no te extrañe si te encuentras en el futuro en situaciones similares, porque este es un sistema cosmogónico que está difundiéndose rápidamente por las serranías y las selvas orientales.
- Grrrr.
- ¿Qué fue eso?
- Los pumas.
- No he sabido que hay pumas por aquí.
- En realidad, no pareces saber nada de nada. Aquí también hay pumas; pero los hay más en la Sierra. Están en los pucaráes, en los pumamaquis, en las estaciones de gasolina, en las ciudades…
- ¿Hay pumas en las ciudades?
- Claro. Pero no sé bien si viven en las ciudades o son las ciudades mismas. No, no; creo que las ciudades tienen mas bien forma de puma.
- ¿Y como lo saben, si las ciudades antiguas casi no han dejado vestigios?. Hay un historiador en Cuenca que ha escrito un libro entero de 165 páginas donde habla de la ciudad cañari de Paucarbamba, de la que no existe ni un adobe ni una piedra.
- Se ve que eres arqueólogo. El mundo oculto es el ámbito de otras personas como arquitectos, historiadores, ingenieros agrónomos, promotores de turismo, etc. Ellos construyen el mundo del pasado, más vibrante y bullicioso que el que ustedes pintan. Además estas personas son sapientísimas.
- Deben ser. El prologuista del libro de Paucarbamba dice que el autor ha hecho una investigación “enjundiosa, original y medular”.
- Por supuesto. Todo lo que decimos es crucial para la vida de nuestros pueblos. Ahora, ya en la práctica, el asunto es bastante sencillo. Tomas el plano de una ciudad cualquiera de hoy y vas uniendo las calles con líneas, hasta que la silueta tenga forma de animal, al que luego le llamas puma. Y si no sale bien, simplemente cambias de calle. Sólo asegúrate que una de ellas vaya de Este a Oeste. Es como el Feng-shui.
- O sea, que así trabajaron los eruditos del mundo oculto para establecer que Quito, Tomebamba y Liribamba tenían forma de puma?
- Claro que sí. Y no pongas esa cara de asustado, porque, de pronto, hasta tu casa puede tener forma de puma. Por ejemplo, si eres pobre y tienes apenas un chaquiñan culebrero que llega a tu casa, usa la imaginación. Puedes decir que el chaquiñán es la “culebra ancestral”. Suena bien y tu casa se convierte en … recinto sagrado!
- Oye, no eres acaso psicólogo? Me adivinaste lo que estaba pensando!! En todo caso, qué lindo hablar del mundo oculto; puedes decir lo que quieras y no necesitas haberte quemado las pestañas estudiando.
- Es que no necesitas los libros para nada. Más aún, en el mundo oculto no hay libros. Es la naturaleza circundante, las voces de los árboles, el fulgor del cenit sobre las piedras, el andar del ciempiés, que te dan las claves del “feng-shui” precolombino, esa especie de sexto sentido que nunca lo vas a percibir si vives solo en el mundo familiar. Y no olvides que el sol controla la pachamama y el firmamento, el cuerpo y el alma de animales, plantas y humanos. El sol es muy fuerte en el mundo oculto.
- En el familiar también. Así vaya solamente a la esquina a comprar pan, la gente se aplica en la piel pomadas diversas que llamamos “protectores solares”. Yo soy más sensible aún: sólo con ver el sticker de un sol pasto, ya me da insolación!

De pronto la selva comenzó a balancearse; se desprendían las hojas de las matas; los pájaros se estrellaban contra los árboles; y los pumas rodaban por los senderos como pelotas de futbol. Finalmente, me agarró el viento huracanado y me llevó rápidamente, con rumbo sur creo, por una enorme llanura, hasta que avisté un río grande, cerca del cual giré a la izquierda y remonté, ya sin aliento, una interminable pared de roca casi vertical. Cuando aterricé, me encontré en una calle corta cerrada en los extremos, junto a una iglesia que reconocí al punto que se trataba de la catedral de Cuenca. Mientras me arreglaba de semejante desarreglo eólico, me di cuenta que tenía a mi lado una especie de guía con larga túnica y cara del poeta romano Virgilio. Luego supe que era solo un historiador cuencano, pero que, en el mundo oculto, era conocido como “Señor de Paucarbamba y Guía del Camino del Sol”.

- Bienvenido a Guacha omari pampa.
- What?
- Bienvenido a la plaza donde se origina la gente cañari. Esta calle de Santa Ana, era realmente una acequia que atravesaba la plaza de Paucarbamba, imprimiendo una significación religiosa sacramental, relacionada con la serpiente ancestral que discurre por la quiebra del Tahual hasta la llanura amazónica.
- ¿Y por qué la serpiente no ha “discurrido” por el río Paute, que es igual de culebrero, pero más ameno que el peligroso Tahual donde ha volcado tanto carro?
- Y en cuanto calle, se relaciona con el camino que recorre el sol de los equinoccios. Los cañaris utilizaban este eje celeste para sus trazos. La potencia del sol cañari se manifestaba en la plaza de Paucarbamba, en el cenit del equinoccio, al coincidir el eje de la Serpiente Madre, por una parte, con el de la Guacamaya, por otra.
- Por favor, déjame respirar un poco; si no voy a gritar de desesperación. ¿Sabías que en esta calle se orinaban los cuencanos de todos los tiempos, hasta que la cerraron? ¿Cómo pueden los cuencanos haberse orinado por generaciones en el eje celeste cañari?
- No seas impertinente. Este fenómeno del sol era trascendental, capaz de arrancar los gritos de los pechos. En la época incásica, la plaza de los cañaris se denominaba con el apelativo de Paucarbamba y de Guacha Opari Pampa, cuyo significado asociado al origen mítico de los cañaris puede ampliarse al de Plaza de los Gritos, donde los cañaris ovacionaban al sol equinoccial con su ritual de gritos.
- ¿O sea que en el Guacha… los cañaris se pasaban gritando todo el día, todos los días? Porque, como tu sabrás, el sol equinoccial lo tenemos aquí todo el tiempo. Ahora, el gritón ¿era un espontáneo o miembro de un grupo especializado creado por los señores cañaris, como el de los metalúrgicos, los comerciantes y los agricultores? Algún día tendrás que avisarme en qué crónica encontraste este asunto. ¡Pensar que fue necesario que entre al mundo oculto para enterarme de que los cañaris eran los más gritones del planeta! Y no deja de darme pena que no hayamos heredado este bonito comportamiento, porque cuando en 1958 coronaron a la Virgen en el Estadio, nadie dijo nada en el momento “numinoso” de la coronación. Sólo un compañero de escuela se atrevió a gritar ¡Viva María Auxiliadora!, y recibió del Padre Crespi un golpe de campanilla en la oreja.
- Me molesta que seas tan irreverente. La sacralidad del lugar era tal que, cuando Gil Ramírez Dávalos preguntó a los cañaris si les convenía que se fundara allí la ciudad de Cuenca, los aludidos respondieron afirmativamente, añadiendo que así la ciudad se fundadaría “en la mejor comarca de toda la provincia de Tomebamba”. Ellos habían comprendido que donde mejor se preservarían los símbolos sagrados de Paucarbamba sería dentro de la traza de una ciudad española.
- Y tú les creiste ¿verdad?… Nones, Señor Guía. Si yo hubiera sido cañari, le hubiera dicho a Don Gil que vaya a fundar su ciudad en El Cairo, no en mi ciudad sagrada. Y si hubiera sido español, le hubiera dicho: Don Gil, este es un lugar de idolatría, joder, vamos con nuestra ciudad hispana a otro lugar, más que sea a la Punta de un Cuerno.
- Tienes la mente muy torcida; demasiado razonamiento.
- Bueno, te doy otro más fácil, de “sentido común” como decimos en el mundo familiar. Si este momento llegan los extraterrestres y me llevan a la pampa pelada del Plateado y me preguntan si me conviene que allí construyan una ciudad, les diría: “Por supuesto señores: excelente elección; es la mejor comarca de toda la provincia.” O sea, querido guía, si quieres hablar conmigo, tienes que razonar.

Me pareció que la situación se volvió insostenible, porque el Señor de Paucarbamba y Guía del Camino del Sol, enrojecido y borracho de equinoccio, levitó sobre el callejón, extendiendo hacia mi los brazos, con las manos bien abiertas, de cuyos dedos salían descargas eléctricas que me apachurraban contra el piso de la calle de Santa Ana. No sé si sentía dolor, pero el cuerpo me quemaba y sólo tenía ganas de gritar a todo pulmón.

- Ayyy, el pecho me oprime, ayyy, quiero saltar, darme contra las paredes, ayyyyyy, aaaayyy.

Me arrastré por el callejón y logré saltar el parapeto que da a la Plaza de los Gritos (me encanta este nuevo nombre de la plaza cañari!). Y vi una muchedumbre enloquecida que se agitaba mirando al sol, como si jamás lo hubiera visto en su vida. Alguien me empujó y caí boca abajo, rompiéndome la nariz contra una piedra. Y cuando comenzaron a patearme en la cabeza, ya mi mundo se había oscurecido…

- ¡Papi, despierta !!. Parece que has tenido una pesadilla.
- Peor que eso, hijo. ¿Qué pasa?
- Nada. Tienes un sobre del correo. Es de la American Anthropological Association.

Mientras me restriego los ojos y me toco la nariz, estoy reflexionando sobre ese mundo insólito y oculto que se agita ya en esos pequeños museos que nadie supervisa, en las entrevistas de los periódicos a los charlatanes – siempre mestizos, de una multiculturalidad mal entendida o manipulada, en los reportajes de televisión a los gurús solares del nuevo milenio… ¿Cómo pudo ocurrir esto? No lo sé bien; pero creo que todo comenzó hace una década, cuando los pueblos del Ecuador comenzaron a celebrar el Inti Raymi por todo lado. O sea, que es culpa del sol.

Dice Freud que no se puede tener el mismo sueño dos veces; pero voy a intentarlo esta noche tomando una potente agua de valeriana recién traida del páramo. Si me vuelve el mismo sueño y logro averiguar más cosas ofreceré a mis lectores mi “Sueño de una noche de invierno, Part II”.

Y ojalá pueda hacerlo en 3D.

Notas:

  1. Tradicionalmente, la historia andina estaba constituida por varios mundos sucesivos, cada uno de mil años de duración. Un mundo estaba subdivido a su vez en dos períodos de 500 años, llamados pachacutis. Usualmente, el paso de un pachacuti a otro estaba marcado por cambios críticos; de ahí el uso de este término aquí.
  2. El sol pasto no es sol ni es pasto. La estrella de ocho puntas es un tukapu, que junto a otros similares, generalmente geométricos, decoraban en forma de tapiz las vestiduras de la nobleza inca. Un reciente estudio de los tukapus observados en las ilustraciones de Guaman Poma (Frame 2010), señala que constituyen una representación gráfica del orden sociopolítico del imperio inca. La estrella de ocho puntas está asociada con el Condesuyo. Un textil de la región (vide supra), del estilo Chuquibamba (al Noroeste de Arequipa) muestra claramente el tukapu en cuestión (tomado de Frame 2010:41).

Juan Chacón Zhapan, 2005, Guacha Opari Pampa, Plaza donde se origina la gente cañari. Paucarbamba, Llanura Florida, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay, Cuenca. Mary Frame, 2010, What Guaman Poma shows us, but doesn’t tell us, about tukapu, Ñawpa Pacha, Journal of Andean Archaeology 30(1):25-52. Nicolas Wade, 2010, Anthropology as a science? Statement deepens a rift, The New York Times, diciembre 9.

Mise à jour le Lundi, 23 Mai 2011 15:23
 

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