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Incógnita

Incógnita Incógnita (Énigme), c'est le nom que nous avons donné à l'effigie qui préside et veille sur le site Arqueología Ecuatoriana, depuis toutes les fenêtres. Son origine est anecdotique, comme presque tout d'ailleurs dans la pratique archéologique équatorienne. Il s'agit d'une pièce unique, sans contexte connu, tombée entre nos mains de façon très paradoxale.

Interprétation iconographique

Silla Manteña

Revues Apachita Apachita 4 Les catacombes, témoins architecturaux de l'histoire de Paris : visite de l'été 2005
Les catacombes, témoins architecturaux de l'histoire de Paris : visite de l'été 2005 PDF Imprimer Envoyer
Écrit par Catherine Lara   
Jeudi, 01 Mars 2007 19:25

Il est difficile de rester insensible face aux merveilles architecturales de Paris. Muets, mais non moins vivants, les monuments de la Ville Lumière sont des témoins inestimables de son histoire, depuis les thermes de l'époque gallo-romaine, en passant par la médiévale Notre-Dame de Paris et les palais de la Renaissance, jusqu'aux constructions monumentales réalisées suite à la réorganisation de la capitale au XIXème. Depuis la fin de l'Âge du Fer, la pierre fut le matériau indispensable à l'expression de la gloire et le charme de la capitale française. Pourtant, la source de cette pierre n'est pas à chercher dans des carrières célèbres, mais dans les entrailles mêmes de la ville moderne, dans les catacombes. Connaître l'origine de ce fantastique scénario de pierre requiert du visitant non seulement un voyage souterrain, mais aussi un parcours à travers l'histoire de Paris et de ses accomplissements techniques.

Contrariamente a sus contrapartes romanas, las catacumbas de París, de las cuales un tramo de 1,5 Km. puede aun ser visitado, adquirieron tardíamente su función mortuoria. Originalmente, eran canteras cuya materia prima empezó a ser explotada con el asentamiento de los Romanos en Lutecia (probablemente el actual centro de París), tras la conquista de la Galia por los ejércitos de Julio César (58-51 a.C.). Las canteras alimentaron el desarrollo urbano de la ciudad, como lo atestiguan las termas de Cluny, elemento típico de la arquitectura romana. La piedra de las canteras parisienses era también usada en la elaboración de sarcófagos, introducidos por el ocupante romano. A pesar del reducido registro arquitectónico que se ha conservado, es de suponer que la explotación de las canteras se realizó en gran escala, puesto que Lutecia era la capital romana de la Galia y como tal, requería de una arquitectura monumental digna del imperio.
El uso de las canteras se prolongó durante la Edad Media, como lo ilustran los cimientos de la famosa catedral de Nuestra Señora y las distintas obras realizadas durante el reino de Felipe Augusto (siglo XII), especialmente las fortificaciones de París. En el siglo XVI todavía hubo que recurrir a la piedra del sector de las catacumbas para la construcción del Palacio de los Tejares (siglo XVI). El hecho de hallarse la materia prima dentro de la misma ciudad facilitó la realización continuada de los proyectos arquitectónicos de la capital.
No obstante, en 1813, se decidió la clausura de las canteras, dado que la explotación masiva de la piedra había provocado, en ciertos lugares, el debilitamiento del suelo, ocasionando derrumbes de casas en la superficie, e inclusive desmoronamientos en el interior mismo de las canteras. Pero poco tiempo antes de su clausura, las canteras ya habían adquirido una nueva función, la de catacumbas modernas. El grave problema sanitario sufrido por París en el siglo XVIII, por la sobrepoblación de los cementerios, llevó a la acumulación de cadáveres insepultos, que puso en riesgo el bienestar de los parisienses. Frente a las quejas de los ciudadanos, no se halló mejor alternativa que la de enterrar a los difuntos en las canteras cuya explotación había sido prácticamente completada. Ahí descansaron por un tiempo los restos de La Fontaine, del famoso Hombre de la Máscara de Hierro, o de Mme. De Pompadour, amante de Luis XV, los mismos que eventualmente fueron reubicados en los distintos cementerios de la ciudad. Esta escasez de espacios mortuorios se acentuó en el transcurso del siglo XVIII, a lo largo del cual los cadáveres fueron masiva y desordenadamente depositados en las canteras. El lugar también sirvió de refugio para algunos fugitivos durante la tormentosa época revolucionaria. En el siglo XIX, transformadas ya integralmente en sitios de enterramiento, las catacumbas fueron bendecidas, luego de haberse adecuadamente dispuesto las dispersas osamentas. Con los huesos y los cráneos ordenadamente apilados, se llegó inclusive a conformar ensamblajes geométricos. Se colocaron también láminas pétreas con diversas máximas labradas y epitafios de autores famosos, en una necrópolis cuyo extraño y oscuro ambiente provoca una curiosa sensación de proximidad con la muerte. Difícil no imaginar las vidas de tantos individuos sin nombre, testigos de siglos de historia y de tragedias humanas.
Más allá de estas nostálgicas consideraciones, y desde un punto de vista más técnico, las catacumbas ofrecen interesantes indicios «arqueológicos» acerca de la historia de la explotación y la organización de las canteras. El material extraído era generalmente piedra caliza, yeso y arcilla. La piedra caliza fue usada para la construcción, mientras que el yeso era usado en la elaboración de sarcófagos, y la arcilla, en la de tejas y ladrillos. Se tienen pocas evidencias de la explotación galo-romana, fuera de las huellas dejadas por rejillas de tamizar. Existe información más detallada acerca de las técnicas empleadas en la Edad Media, especialmente en el siglo XV. Se conoce, por ejemplo, los dos métodos empleados en la consolidación de las paredes de las canteras: el llamado «método de mampostería en seco», y el de rellenos. La técnica de mampostería en seco consistía en la instalación de muros que sostenían a los rellenos para evitar los derrumbes. Los rellenos se componían esencialmente de los residuos de la explotación de la cantera, dispuestos en forma de pilares de sección circular y pilares en forma de brazo. Si los primeros se formaban naturalmente, a partir de la extracción del material de la pared, los segundos estaban constituidos por bloques apilados de manera a calzar el techo de la cantera. Más recientemente, con el abandono de la explotación, esta última técnica fue reemplazada por la de la «campana de socavón», a partir de la cual las oquedades de la cantera son estabilizadas con rellenos de hormigón, a fin de evitar el desmoronamiento de las capas superiores del suelo, esencialmente compuestas por arenas y margas.
Ironía de la historia quizá, las antiguas canteras parisienses, testigos de la gloria técnica y artística del ser humano, acogen ahora sus cenizas...

Mise à jour le Vendredi, 12 Février 2010 06:06
 

Commentaires  

 
#1 GraxCarla 27-11-2010 09:52
La info esta re buena, y me sirvio de muuucho :lol:
sigan asi, nos vemos :D
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