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Incógnita

Incógnita Incógnita (Énigme), c'est le nom que nous avons donné à l'effigie qui préside et veille sur le site Arqueología Ecuatoriana, depuis toutes les fenêtres. Son origine est anecdotique, comme presque tout d'ailleurs dans la pratique archéologique équatorienne. Il s'agit d'une pièce unique, sans contexte connu, tombée entre nos mains de façon très paradoxale.

Interprétation iconographique

Silla Manteña

Revues Apachita Apachita 20 Tesoros antiguos de Siria pulverizados
Tesoros antiguos de Siria pulverizados PDF Imprimer Envoyer
Écrit par Robert Fisk   
Jeudi, 06 Février 2014 17:23
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Los invalorables tesoros de la historia siria -castillos de cruzados, mezquitas e iglesias antiguas, mosaicos romanos, las renombradas “ciudades muertas” del norte y los museos llenos de antigüedades- han sido presa de los saqueadores y de la destrucción, por parte de los rebeldes armados y las milicias del gobierno, a medida que la lucha envuelve al país. Aunque los monumentos y museos de las dos grandes ciudades de Damasco y Alepo han permanecido hasta ahora grandemente intocados, informes de toda Siria hablan del daño irreparable que han sufrido los sitios patrimoniales, como nunca en el Medio Oriente. Hasta el magnífico castillo del Krak des Chevaliers –descrito por Lawrence de Arabia como “tal vez el castillo mejor preservado y totalmente admirado del mundo”, el mismo que no pudo ser tomado por Saladino- ha sido bombardeado por el ejército sirio, dañando el interior de la Capilla del Cruzado.

La destrucción del patrimonio iraquí en el anárquico epílogo de la invasión anglo-estadounidense de 2003 –el saqueo del Museo Nacional, la quema de la Biblioteca Coránica y la desaparición de las antiguas ciudades sumerias- puede repetirse ahora en Siria. Informes de arqueólogos sirios y de especialistas occidentales en ciudades romanas y de la edad del Bronce mencionan un templo asirio destruido en Tell Sheikh Hamad, la destrucción masiva del muro y las torres de la ciudadela del castillo al-Madiq –una de las fortalezas más avanzadas de los cruzados en el Levante, que originalmente cayó ante Bohemundo de Antioquia en 1106- y el saqueo de los magníficos mosaicos romanos de Apamea, donde los ladrones usaron bulldozers para remover los pisos romanos y llevárselos del sitio. Increiblemente, se las arreglaron para llevarse dos capiteles gigantes de la punta de la columna del “decumanus”, el principal camino romano este-oeste de la ciudad.

En muchos casos, los rebeldes armados han buscado refugio detrás de las gruesas paredes de los castillos antiguos, sólo para ver que el ejército sirio no ha dudado en hacer explotar estos edificos históricos para destruir a sus enemigos. Terribles batallas han sido libradas, entre rebeldes y tropas sirias, en medio de las “ciudades muertas”, cientos de ellas ciudades greco-romanas abandonadas hace mucho tiempo y esparcidas por el paisaje de las afueras de Alepo, que alguna vez constituyó el corazón de la antigua Siria. Las tropas sirias han ocupado el Castillo de Ibn Maan, encima de la ciudad romana de Palmira, y han parqueado sus tanques y vehículos blindados en el Valle de las Tumbas, al oeste de la antigua ciudad. Se comenta que el ejército del gobierno ha cavado una profunda zanja defensiva al interior de las ruinas romanas.

“La situación del patrimonio de Siria es hoy catastrófica”, según Joanne Farchakh, arqueóloga libanesa que también investigó la destruccion y el despojo de los tesoros históricos de Irak, después de 2003, y ayudó al Museo de Bagdad a reclamar sus artefactos robados. “Uno de los problemas es que por diez años, antes de la guerra, el regimen sirio estableció 25 museos culturales por todo el país, para incentivar el turismo y salvaguardar los objetos valiosos de estos sitios –muchos pusieron monumentos de piedra en sus jardines exteriores, en parte para probar que el regimen era lo suficientemente fuerte para protegerlos. Hoy, el Museo de Homs ha sido saqueado –por rebeldes o milicias del gobierno, quién lo sabe?- y traficantes de antigüedades me han manifestado que los mercados de Jordania y Turquía están invadidos de artefactos sirios”.

Existe, por supuesto, una cuestión moral acerca de nuestra preocupación por la destrucción de los tesoros de la historia. La compasión humana sugiere que la muerte de un solo niño sirio, entre las 19.000 fatalidades de la tragedia siria, debe con seguridad pesar más que el saqueo y la eliminación de 3000 años de civilización. Es verdad. Pero la aniquilación y robo de enteras ciudades históricas priva a las futuras generaciones –en todos sus millones- de su derecho de nacimiento y de las semillas de sus propias vidas. Siria ha sido siempre conocida como “la tierra de las civilizaciones” -Damasco y Alepo están entre las ciudades habitadas más antiguas del mundo y Siria es el lugar de origen de la sociedad agraria- y el terrible conflicto que ahora engloba al país nos privará para siempre de su narrativa, a nosotros y a nuestros descendientes.

Para gran crédito suyo, los arqueólogos sirios han registrado ellos mismos, anónimamente, la destrucción de los sitios originarios históricos del país. En ella están el bombardeo por el gobierno de aldeas asentadas al interior de ciudades antiguas; rebeldes que se han refugiado aparentemente en la pequeña aldea construida al interior de las hermosas ruinas de Bosra, que abriga uno de los teatros romanos mejor preservado del mundo -lo cual no ha impedido que varios edificios sean destruidos. Bombardeos similares pulverizaron los edificios de construcción bizantina en al-Bara, Deir Sunbel y Ain Larose en el norte de Siria.

En el monasterio de Sednaya, fundado al parecer por el emperador Justiniano, -la gente de la aldea aún habla arameo, la lengua de Jesús-, el fuego de las bombas ha dañado el sector más antiguo de la edificación, que data de 574 AD. La mezquita Umayyad de Deraa, una de las más viejas estructuras de la era islámica en Siria, ha sido también dañada. El Dr. Bassam Jamous, Director General de Antigüedades de Siria, nombrado por el gobierno, dice que “terroristas” -irónicamente el término para los enemigos del estado en la propia nomenclatura del mundo occidental- han escogido como objetivos edificios históricos en Damasco, Alepo, Bosra, Palmira y en la ciudadela de Saladino, una fortaleza cruzada tomada por el héroe guerrero kurdo en 1188, un año después de que recapturó Jerusalen de manos de los musulmanes de Balian de Ibelin.

Hace varios meses, las autoridades sirias reportaron el robo de la estatua dorada de un dios arameo del siglo VIII antes de Cristo –todavía no encontrada, a pesar de estar reportada por la INTERPOL- y admitieron otros robos en museos del gobierno de Deir ez-Zor, Raqqa, Maarat al-Numan y Qalaat Jaabar. Hiba Sakhel, el director sirio de museos, ha confirmado que objetos del Museo de Alepo han sido transferidos a las bóvedas del Banco Central en Damasco para su salvaguarda.

Patrimonio Arqueológico Sirio en Peligro, un grupo de especialistas sirios que registra la destrucción y el saqueo de los tesoros del país en su propio sitio web, ha revelado que el Primer Ministro de Siria, Adel Safar, ha escrito a sus colegas ministros, el 11 de julio del año pasado [2011], advirtiéndoles que “el país está amenazado por gupos criminales armados con instrumentos de alta tecnología y especializados en el robo de manuscritos y antigüedades, como también en el pillaje de museos”. Los arqueólogos consideran esta nota “muy extraña” porque parece advertir de saqueos que aún no habían ocurrido -sugiriendo así la posibilidad de que los funcionarios del regimen hayan podido preparar su propio robo privado y reventa del patrimonio del país, algo que en verdad ocurrió bajo la administración de Hafez al-Assad, padre del actual Presidente Assad.

En consecuencia, el saqueo y la destrucción se encuentran en el umbral de todas las facciones del conflicto sirio, junto con ladrones que pasan por todos los sitios históricos cuando se evapora la seguridad del estado. En verdad, Siria ha sufrido siempre -y el regimen lo ha tolerado- de una cantidad limitada de robo en sitios históricos, para empujar la economía de las áreas pobres en el norte del país y para enriquecer a los mafiosos del propio regimen. Pero lo que está ocurriendo ahora es en escala épica y terrorífica. “En cuanto a iglesias antiguas, casas y calles viejas, olvídelo, ya no existen”, dice la arqueóloga Joanne Farchakh. Especialista en patrimonio en tiempos de guerra, en Líbano, Irak y el Norte de Chipre, así como en Siria, reporta con pesimismo nueva información de sitios del segundo milenio a. C. en los que los huaqueros han cavado pozos profundos de varios metros de ancho, para desenterrar los tesoros de la prehistoria.

Mucho de esta destrucción está ocurriendo no sólo en el mundo de la antigua Roma, los cruzados y la conquista y renacimiento musulmanes, pero también en la tierra de los “terroristas” originarios, los Assassins de hace mil años, cuyos mortíferos ataques contra toda autoridad fueron dirigidos por el “Viejo de la Montaña”. Una vez puso sitio al castillo Al-Madiq -cuyo bombardeo por el ejército sirio está ahora disponible en video.

Tal vez nosotros los “occidentales” mostramos algo de desfachatez al denunciar la destrucción de la antigüedad siria. De la destrucción romana de Cartago al martilleo, por el Comando de Bombaderos de la RAF, de Hamburgo, Dresden y de un centenar de cuidades alemanas medievales hasta reducirlas a polvo, hemos estado aporreando nuestra historia por siglos. Por cientos de años, el pillaje de las grandes ciudades de Europa ha sido una costumbre guerrera tan común como la violación de mujeres del enemigo, y el último siglo ha contemplado este salvajismo en escala sin precedentes. Si consideramos los daños, desde la destrucción alemana de la Biblioteca de Lovaina y el Salón de Telas de Ypres y de innumerables iglesias y catedrales góticas francesas en la Primera Guerra mundial, hasta el bombardeo de Rotterdam, Londres, Coventry, Canterbury y las grandes ciudades de Alemania – para no mencionar el invalorable monasterio de Monte Cassino- no estamos en posición de señalar con el dedo al mundo árabe por su auto-inmolación histórica.

A comienzos de la década de 1990, vi la misma cosa en Croacia y Bosnia. La pulverización de las mezquitas, y de las iglesias católicas y ortodoxas, la destrucción de lápidas -y aun el arrasamiento de camposantos con bulldozer- fueron una forma de limpieza cultural, que alcanzó su apogeo con la quema de la biblioteca de Sarajevo. En 2003, en Bagdad, muchedumbres asalariadas irrumpieron en el Museo Nacional y se llevaron tesoros de la Mesopotamia. Mis pasos crujían a través del piso repleto de fragmentos de estatuas griegas que ya no tenían interés para los saqueadores, y luego contemplé el incendio de la Biblioteca Coránica, con llamas de los coranes del siglo XV demasiado brillantes para el ojo desnudo. Logré rescatar unos pocos documentos otomanos del siglo XVIII que aleteaban hacia afuera con la brisa.

Algunos de los destructores fueron llevados en bus a la ciudad -los vi subirse delante de la biblioteca y pude identificar a uno de ellos en otro incendio -y es verdad que la mayor parte de la destrucción cultural es organizada. Los saqueadores vienen en ejércitos. Joanne Farchakh y yo visitamos a las legiones de ladrones que trabajaban en los sitios sumerios del sur de Irak, justo en el momento en que sacaban invalorables jarras de cerámica del segundo milenio a. C. de sus excavaciones trogloditas, a fin de llegar a tesoros más antiguos, del cuarto milenio, a mayor profundidad. En la guerra civil libanesa, saqueadores del sur de Líbano me ofrecían brazaletes de oro fenicios de los antiguos cementerios de los alrededores de Tiro. Nadie sabe cuantos tesoros perdió Libano entre 1975 y 1990. En 1975, el ejército sirio -justo como lo ha hecho ahora- acampó a sus soldados en los sitios históricos de Líbano, incluyendo los templos de Baalbek en el valle de Beqaa. El templo de Júpiter aun tiene la cicatriz de una RPG palestina en su rincón del suroeste.

Esta es la razón por la que es tan importante tener un inventario de los tesoros de los museos nacionales y de las ciudades antiguas. Emma Cunliffe, una investigadora de Ph.D. en la Universidad Durham, ha publicado el primer reporte detallado de la condición de los sitios arqueológicos sirios en su Damage to the soul of Syria: Syria´s cultural heritage in conflict, señalando las causas de destrucción, el uso de sitios para posiciones militares, y todo aquello que puede ser llamado saqueo sin piedad. Mucho de su informe ha dado pie a estudios de arqueólogos como Farchakh.

Artículo original Syria’s ancient treasures pulverised por Robert Fisk. Tomado de The Independent, agosto 5, 2012, independent.co.uk, con autorización expresa para republicación en Apachita. Traducción del Editor.

Mise à jour le Jeudi, 06 Février 2014 18:30
 

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