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Incógnita

Incógnita Incógnita (Énigme), c'est le nom que nous avons donné à l'effigie qui préside et veille sur le site Arqueología Ecuatoriana, depuis toutes les fenêtres. Son origine est anecdotique, comme presque tout d'ailleurs dans la pratique archéologique équatorienne. Il s'agit d'une pièce unique, sans contexte connu, tombée entre nos mains de façon très paradoxale.

Interprétation iconographique

Silla Manteña

Revues Apachita Apachita 12 Métalogues* et déductions...
Métalogues* et déductions... PDF Imprimer Envoyer
Écrit par Ernesto Salazar   
Mercredi, 02 Avril 2008 19:24

Je me trouve en train de lire un journal, au moment où ma fille Roxane (inventée, bien entendu), fait irruption dans la cuisine et s'affale sur la chaise, épuisée. Indy (notre Canis familiaris), s'approche pour lui lécher les mains...

P. Salut Roxie.

R. Salut papa. Oufff.... je suis un peu perdue. Nous avons eu un cours sur le contexte archéologique.

P. Je te comprends ma fille. C'est le concept le plus évasif, le plus ambigu, le plus équivoque, le plus contradictoire, mais aussi le plus pertinent de l'arch....

R. Allez, arrête avec tes adjectifs. Dis-moi plutôt ce qu'est le contexte archéologique.

P. Regarde. C'est comme si dans des fouilles, on trouvait une pierre brûlée, des os cassés, un bout de...

R. Je pensais qu'on ne devait jamais définir un concept par des exemples...?

P. Ok, ok. Le contexte est l'ensemble de dépôts matériels ou culturels entourant un artéfact, ce qui inclut son réseau de relations avec d'autres objets qui lui donnent un sens symbolique.

R. T'es encore pire que mon professeur. Est-ce qu'il n'y aurait pas quelqu'un par hasard, pour traduire tout ce discours abstrait en bon français?

P. Bueno, fíjate en la mesa. Hay un tenedor, una cuchara, un plato no consumido totalmente, un vaso, granos de arroz fuera del plato, un salero. ¿Piensas que hay algo raro en esta mesa?
R. No. Parece que todo está en orden.
P. ¿En orden? El vaso está virado, el mantel arrugado, el jugo derramado …
R. Lo sé, pero así puede quedar una mesa luego de que alguien –sobre todo alguien, se haya servido una comida.
P. Sin embargo, ayer me reprochaste que ponga el cepillo de dientes en la mesa, mientras comías.
R. Obviamente, papi. Y no me hagas recordar tu falta de urbanidad. Era simplemente inaceptable que pongas el cepillo de dientes junto a los cubiertos.
P. ¿Por qué?
R. Porque el cepillo no va con los cubiertos, papi !!! Eso lo sabe cualquiera que se haya sentado a una mesa de comer, excepto un primitivo como tú.
P. Gracias por lo que me toca. Sin embargo, recuerda que, en honor de la esposa bactriana que tomó Alejandro Magno (mi ídolo de la historia), este primitivo te dio el fulgurante nombre que tienes. Y lo hice, además, contradiciendo seriamente a tu abuela, que anduvo tres meses por el barrio quejándose que te había puesto nombre de jabón.
R. Je, je, lo sé, papi, pero no te salgas por la tangente. Volviendo a lo n-u-e-s-t-r-o, qué tiene que ver la mesa del comedor con el contexto arqueológico?
P. Mucho, hija. Cuando excaves un sitio arqueológico vas a encontrar en el piso de ocupación un mundo de cosas por aquí y por allí: piedras, tiestos, huesos, artefactos que jamás has visto en tu vida…
R. ¿A qué viene eso?
P. A propósito, ¿quien es ese muchacho que te llama por teléfono a cada rato?
R. Es que no veo la relación de los cubiertos con el piso de ocupación.
P. Ahi está el problema. Si en el piso de ocupación tuvo lugar una comida, tendrías que dilucidar, qué artefactos hicieron de cubiertos, platos, etc.
R. O sea, quieres que yo ponga todo eso en contexto…
P. Eso, eso, como decía el Chavo del Ocho. Las cosas no tienen contexto, a no ser que tú lo pongas.
R. Lo que me faltaba…
P. Los artefactos per se no tienen ninguna información, hija, o muy poca. Mira la mesa. Si a los artefactos les pones en contexto, entonces tú sabrás que aquí comió una persona, que estaba sin hambre o de prisa, porque dejó medio plato intacto. Por las pepas del vaso, puedes asumir que tomó jugo de mora. Además, estaba compartiendo la comida con un perro…
R. ¿Cómo así?
P. Fíjate en el suelo; hay arroz derramado, como si el comensal le hubiera alimentado al animal dándole arroz en la palma de su mano.
R. Ah, pues, entonces tú comiste en esta mesa: solo tú haces cosas cochinas.
P. Shhh, no tienes que apuntarme con el dedo, hija.
R. Es que sólo juntando estos detalles y relacionándolos, puedo inferir que tú comiste en esta mesa.
P. “Inferir”, me gusta esa palabra. Ese muchacho… ¿tiene trabajo?… ¿alguna profesión?
R. Ves, papi, que las cosas per se sí tienen información?
P. Qué va, hija. Toma los cubiertos y la vajilla y llévalos al Museo. Algun día los exhibirán en fila junto a otras vajillas y artefactos similares. Y los visitantes del futuro nunca sabrán que con esos artefactos comí arroz con jugo de mora, convidando un poco al Indy. Y respecto a las otras vajillas, nadie sabrá que con una a lo mejor enveneraron a un rey, y con la otra el presidente Chávez celebró el décimo aniversario del Banco del Sur.
R. Entonces ¿para qué sirven los museos?
P. Buena pregunta. Pero eso de que sirven para guardar la memoria histórica de los pueblos debe ser puesto en entredicho.
R. No exageres, papi.
P. No lo hago. Si por un acto de magia se destruyeran todos los sitios arqueológicos del país, sería simplemente imposible reconstruir nuestra memoria histórica sólo a partir de las piezas de los museos.
R. Mmm. No lo había pensado. En todo caso, ha sido una interesante discusión.
P. Ojalá, Roxie. Y que esto te ayude a ser más ordenada en tu vida.
R. Uuuufff, papi, ya vas a comenzar…
P. Es que ayer te llamaron por teléfono, y cuando fui a contestar no encontré el aparato; al menos no estaba en la base plástica, donde debe estar.
R. Está bajo la almohada, para contestar rápido si me llaman.
P. El teléfono va con la base de plástico, hija, porque allí se aloja mejor. Oye, ¿ese joven pertenece acaso a las filas de Alianza País?
R. Papi, para mí, el teléfono no va con la base, sino con la almohada.
P. Entonces, me da la impresión, hija, que tú y yo tenemos diferentes contextos para las cosas.
R. Papi, todo quedó ya claro; no compliques más las cosas.
P. Es que si tú estás en lo correcto, me temo que debemos buscar en las excavaciones arqueológicas contextos y subcontextos.
R. (Dios mío, para que hablé de este asunto con mi papi…).
P. De cosas de un contexto que pueden formar parte de otros contextos.
R. Sí, papi.
P. De un contexto general, que se compone de varios subcontextos.
R. Sí, papi.
P. Por ejemplo, te habrás fijado que tu mami tiene siempre un jarro junto la computadora, porque toma café cuando trabaja. O sea que el jarro está en contexto con la compu. En cambio, tú…
R. Sí, yo tengo el vaso de agua junto la compu, así como tu tienes siempre una funda de mote con chicharrón.
P. Hija, más respeto con el papi. Cuando se escribe para el público, hay una discreción elemental que debe ser siempre mantenida. Tus comentarios me pueden hacer daño, y sólo Dios sabe que no son ciertos.
R. Claro, papi.
P. En todo caso, ahí tienes un buen ejemplo de cómo unos artefactos (y añadiré “otras substancias”), que son indudablemente de un contexto de cocina, están formando nuevos contextos, nada menos que con los íconos de la tecnología occidental, la compu y la impresora.
R. Tienes razón. Pero ¿cómo saberlo cuando me enfrente al registro arqueológico? Tú te pasas sólo hablando de los artefactos de nuestra cocina, que los conocemos desde hace años.
P. Primero debes usar el sentido común; sin él ni siquiera puedes ser arqueóloga. Una casa es abandonada, entra al dominio “arqueológico” y comienza su destrucción paulatina, a lo largo de siglos o milenios. O sea, le cae el techo, le atraviesa un río, se caen los muros por un temblor, un derrumbe se lleva parte de la construcción, la lluvia y el viento erosionan el piso y mezclan los artefactos, o los objetos mejor conservados son removidos por huaqueros inescrupulosos, etc, etc. Cualquier cosa le puede pasar a un sitio arqueológico. Mas bien diría que esos “infortunios” son parte de su proceso de formación.
R. Mas bien deberías decir “deformación”.
P. Sí, es otra manera de entenderlo, aunque esa deformación no debe ir demasiado lejos. Un sitio arqueológico, para ser considerado como tal, debe tener algún contexto general: recintos con muros, áreas de actividad más o menos discernibles, diferencias espaciales en los tipos de artefactos, etc. Y con lo que acabo de decirte, es más probable que sólo encuentres pequeños subcontextos, como un fogón, un taller, restos de vajilla, donde tu puedes hacer razonamientos similares a los que hemos hecho con la vajilla de nuestra cocina. Ah, el joven … ¿tiene automóvil?
R. ¿Y esos tiestos precolombinos que encontramos una vez botados en un estero del río Napo?
P. Buen ejemplo. Ahí tienes varias opciones, la primera, que el estero es de formación reciente y está poniendo a luz un sitio arqueológico; la segunda, que los tiestos fueron arrastrados de más arriba por la lluvia, la tercera, que una señora precolombina fue a traer agua, se cayó de nalgas, y rompió la olla. Sólo en el tercer caso, se considera que tenemos un sitio arqueológico. Sin embargo, hasta saber qué ocurrió, realmente, el lugar se considera un “no-sitio”, o sea, un sitio probable.
R. Papi, me encantan los juegos de la inferencia arqueológica: acicatean la imaginación. Pero, ¿y si no reconozco nada de lo que estoy descubriendo?
P. Para eso también hay soluciones. A veces encontramos en los sitios arqueológicos concentraciones de materiales que no sabes si tienen o no correlaciones significativas. Las llamamos rasgos, eventos o con el término inglés de features. En este caso, simplemente registras la concentración como un todo (obviamente con su ubicación precisa en el piso ocupacional y en la estratigrafía), y la llevas al Laboratorio donde el examen de cada elemento te ayudará a ver si tienes un contexto arqueológico, o solamente una concentración producto de una disturbación posterior al abandono del sitio.
R. Vaya, te está viniendo la elocuencia. Aún así, no me parece que sólo mirando el feature venga el contexto con la velocidad de un mal pensamiento.
P. Hay metodologías que pueden ayudar en el asunto. Las correlaciones estadísticas, por ejemplo. Los artefactos que forman grupos específicos aparecen o desaparecen conjuntamente, o cuando aparece el uno el otro desaparece. Si tienes 16 cucharas y 15 cuchillos es altamente probable que tengas por allí o que tuviste al menos 16 tenedores. Como ves, hay artefactos que covarían en la misma dimensión que otros…
R. Sí, claro, de la misma manera que tu presencia en la cocina “covaría” con la del Indy.
P. ¿Debo entender por estos comentarios tuyos que te estás aprovechando de este metálogo para que la gente se entere de mis “intimidades” culinarias? ¿o es que realmente estás agarrando el quid del contexto arqueológico?
R. Ay, papi, lo segundo, pues, naturalmente.
P. Por otro lado, la arqueología experimental y la etnoarqueología han hecho importantes avances en…
R. (¡Uuuff, otra clase más!). Bueno, papi, creo que me has aclarado ya bastante el panorama.
P. Me alegro mucho, hija. ¿Tendrá buenas intenciones
el joven príncipe azul?
R. Papi!!!
P. Roxana!!!
R. ESTAS FUERA DE CONTEXTOOOO!!!
P. Ooops…

* Este “metálogo” esta inspirado en los que escribiera Gregory Bateson en la década de 1950. El lector los puede encontrar juntos en “Steps to an Ecology of Mind” (Ballantine Books, New York, 1974). Según Bateson, un metálogo es una conversación sobre algún tema problemático. La conversación debe ser llevada de tal manera que, no solo los participantes discutan sobre el problema, sino que la estructura de la conversación misma sea relevante para el tema propuesto. De paso, su metálogo “Why do things get in a muddle” es muy relevante para el asunto propuesto en el mío.

Mise à jour le Jeudi, 27 Août 2009 11:50
 

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