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Incógnita

Incógnita Incógnita (Énigme), c'est le nom que nous avons donné à l'effigie qui préside et veille sur le site Arqueología Ecuatoriana, depuis toutes les fenêtres. Son origine est anecdotique, comme presque tout d'ailleurs dans la pratique archéologique équatorienne. Il s'agit d'une pièce unique, sans contexte connu, tombée entre nos mains de façon très paradoxale.

Interprétation iconographique

Silla Manteña

Revues Apachita Apachita 11 Nouvelles fraîchement cueillies
Nouvelles fraîchement cueillies PDF Imprimer Envoyer
Écrit par Ernesto Salazar   
Vendredi, 04 Janvier 2008 21:39

Enfin un peu d'imagination en Irak

Si les premières cartes à jouer que les EE.UU ont envoyées en Irak étaient pour trouver Saddam Hussein et ses criminels fonctionnaires, il semble que les nouvelles qui sont en train d'être envoyées aideront à protéger les sites archéologiques de cette nation en ruines. Le Département de la Défense a envoyé 40 000 cartes à ses troupes en Irak et Afghanistan, avec des reproductions de sites et d'objets importants qui doivent être protégés pour la postérité. Les soldats ne peuvent emporter chez eux d'artéfacts préhistoriques, ni endommager ou détruire des sites archéologiques, à l'instar de ce fameux incident où ils construisirent un héliport sur les ruines de Babylone et se protégèrent avec des sacs de terre pleins d'artéfacts de la ville légendaire. Chaque carte inclut une légende en relation avec la conservation de la culture matérielle mésopotanienne, incluant des conseils pratiques tel que celui de ne pas conduire de véhicules sur des ruines, mais plutôt de les contourner. Dans un programme cherchant un objectif semblable, les pilotes américains ont reçu un entraînement pour reconnaître et identifier des ruines archéologiques et autres sites, afin de ne pas les bombarder; et les soldats de terre font des simulacres pour savoir que faire si l'ennemi fait feu sur eux depuis un site archéologique, sans oublier, bien entendu, la possibilité de riposter sans porter atteinte au site (Associated Press, 18 juin 2007).

Pechugas polinesias
Hasta ahora hemos sabido que los pollos no son precolombinos, y que vinieron mas bien con los españoles. Sin embargo, hallazgos recientes sugieren que los polinesios los habrían traido a la costa Oeste de Sudamérica. La información proviene del análisis de restos óseos de 5 aves descubiertas en un sitio mapuche llamado El Arenal-1 (Peninsula de Arauco, Chile), y datadas entre 1321-1407 A.D. Según un informe publicado en “Proceedings of the National Academy of Sciences”, las arqueólogas Alice Storey y Matisoo-Smith han determinado que la secuencia del ADN de los pollos mapuches, es idéntica a la de congéneres similares encontrados en sitios arqueológicos de las islas polinesias de Tonga, y la estaounidense de Samoa (Eric A. Powell, Archaeological Institute of América, 2007). Vaya sorpresita. Si en el futuro próximo siguen apareciendo en Sudamérica pollos polinesios habrá que volver a leer a Thor Heyerdhal y Paul Rivet que, hace más de 50 años, presentaron un cuadro completo de las infuencias polinesias en el continente americano y viceversa, sugiriendo inclusive viajes transpacíficos en ambas direcciones.

Qué dirán los franceses…
Y hablando de comida, bien vale traer a la mesa la noticia de que los antiguos checos comieron hace 5000 años ancas de rana, una gourmandise asociada mas bien con los franceses. En una colina fortificada, ubicada al este de Praga, los arqueólogos del Insituto de Arqueología de la República Checa han descubierto cientos de patas traseras de rana macho, que han sido consumidas tradicionalmente por tener más carne que las delanteras. El hallazgo indicaría que los anfibios eran sistemáticamente capturados en ciertas épocas del año, particularmente la del apareamiento (marzo o abril) cuando estos anfibios se reúnen en gran cantidad y pueden ser fácilmente recogidos. Queda aún por determinarse cuán común era esta actividad en las antiguas culturas checas para ver si los franceses son destronados de su apodo de “mangeurs de grenouilles”, que los ingleses los endilgaban desde el siglo XIII (Roger Dobson, The Independent, junio 2007).

Identificada la momia de Hatshepsut
Bajo la dirección del Dr. Zahi Hawass, Secretario General del Consejo de Antigüedades de Egipto, expertos forenses y arqueólogos lograron identificar, entre varias momias, la perteneciente a la reina de la dinastía XVIII (Nuevo Imperio), que gobernó el país entre 1473-1458 a. C. Una de las pocas mujeres que ocuparon el trono egipcio, Hatshepsut, vestida de hombre, habría usurpado el cargo a su hijastro y se habría declarado faraona. Su reinado fue próspero, como lo muestra su autobiografía esculpida en las paredes de su templo Djeser-Djeseru, incluyendo su legendaria jornada a la Tierra de Punt (actual Eritrea o Somalia). Este templo forma parte del gran complejo llamado Deir el Bahri, ubicado en la orilla oeste del Nilo justo a la entrada del Valle de los Reyes, cuya excavación y restauración fueron llevadas a cabo desde fines del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. La identificación de la momia fue realizada con tomografía computarizada para relacionar sus rasgos físicos con los de varios de sus antepasados conocidos. La clave final la dio un diente que se encontraba en una canopa que llevaba inscrito su nombre, y que calzaba perfectamente con un molar superior de una de las dos momias “finalistas” del proceso de eliminación. Hatshepsut fue sucedida por su sobrino o su hijastro (acaso el perjudicado?) Tutmosis III, quien ordenó que se borraran su nombre e imagen de todo el complejo monumental (Discovery News y about.com, julio 2007).

Decapitación y renacimiento
Es la paradójica relación que Christina A. Conlee (Texas State University) encuentra en la excavación de un cuerpo decapitado nazca en el sitio La Tiza (costa sur de Perú). El arte nazca (1-750 A.D) está lleno de representaciones de cabezas decapitadas, aunque el registro arqueológico de “cabezas trofeos” es aún bastante escaso. De ahí que la investigación de Conlee, publicada en Current Anthropology, puede aportar con importante información sobre esta práctica. El análisis de huellas de cortes en el esqueleto de La Tiza indica que la decapitación ocurrió al tiempo de la muerte del individuo, en el contexto de batallas rituales antes de la siembra de papas. El desangre de la decapitación habría sido un elemento necesario del ritual para nutrir a la tierra y propiciar una buena cosecha, asegurando así la continuación de la vida y el renacimiento de la comunidad (Christina A. Conlee, Decapitation and Rebirth: A Headless Burial from Nasca, Peru. Current Anthropology 48:3).

 

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